Nuestra investigación

Contamos con la pasión por el reverdecer, con un equipo de expertos colaboradores y con un laboratorio de semillas forestales. La investigación que hemos realizado (y la que aún nos queda) es ingente. Hemos desarrollado la metodología para poder restaurar nuestros montes mediante siembras, lo cual es más efectivo, más barato y más respetuoso que la plantación de árboles tradicional.

Estamos centrando todos nuestros esfuerzos en sembrar cientos de miles de semillas este otoño de 2020 en Sierra Lujar, Andalucía. Cuando la última bellota esté sembrada empezaremos a dedicarnos a volcar la información detallada sobre esta metodología de siembra, para que os podáis nutrir de nuestra experiencia y ampliar vuestro conocimiento sobre los métodos de restauración forestal. Así podréis decidir, para cada zona, cada especie, cada proyecto particular, que metodología es la más adecuada.

Aquí tenéis un sencillo adelanto. También podéis seguir nuestras publicaciones en facebook, instagram y en treenation, además de nuestras formaciones en aguabosque.

Los primeros pasos

Dejamos atrás las ciudades, y empezamos a vivir en los pueblos, en las montañas. La tierra, las acequias, los huertos, los frutales, hacerse el pan, construirse la casa donde criar nuestros hijos, iniciar proyectos colectivos de educación y aprender de los viejitos. Ver el valor de unir la experiencia de nuestras manos con la intelectualidad que traíamos de la universidad.

Nuestro periplo empezó con Masanobu Fukuoka a través de la agricultura. Más tarde, viendo la ineficacia de las prácticas forestales por plantación de árboles, nos lanzamos a aplicar su filosofía a la restauración de nuestros bosques mediterráneos.

Nos dimos cuenta del valor que tienen las semillas silvestres. Cada especie guarda toda la información necesaria para desarrollarse en su hábitat, incluso en las condiciones de desertificación que padecemos actualmente en el mediterráneo. Si nuestros montes están como están, es porque no llegan las semillas de las especies que podrían desarrollarse en ese lugar. Las semillas que producen los pocos bosques que nos quedan, están tan lejos de los montes degradados que tardarán siglos en llegar. No podemos esperar tanto, debido al cambio climático que estamos provocando. Nuestras manos deben ayudar a la naturaleza a dispersar semillas.

Llevamos años investigando cómo reverdecer el mediterráneo sembrando semillas, sembrando esperanza, y ya podemos decir que somos, con la humildad de estar al servicio de la naturaleza, sembradores de bosques.

Cómo reforestamos

Buscamos imitar la naturaleza para restaurar los montes. Para ello, la naturaleza emplea la dispersión de semillas al azar a través de los pájaros y mamíferos, del viento y del agua.

Aunque muchas de todas esas semillas no logran germinar, las que lo hacen, se establecen en lugares apropiados y desarrollan su raíz naturalmente, profundizando en el suelo.

Nuestra metodología se basa en aprovechar este desarrollo natural de la raíz, que en un clima tan árido como el del mediterráneo, es de vital importancia. Además, elegimos los lugares dónde cada especie podrá nacer y desarrollarse (nodrizas), no dejando al azar que las semillas caigan en cualquier sitio. Así aprovechamos todo el potencial de la naturaleza, lo cual supone un ahorro económico considerable en comparación con las técnicas de plantación con los cuidados posteriores (riegos) que necesita.

La imitación de la naturaleza no queda ahí. Utilizamos técnicas de priming para preparar las semillas en laboratorio, tal y como lo haría la naturaleza durante los años que permanecen las semillas en el suelo. De esta manera, cuando sembramos en el monte semillas que tardarían meses o años en germinar (debido a fenómeno de las latencias), logramos que germinen con una sola lluvia.

Y para acercarnos todavía más a la naturaleza, sembramos las semillas envueltas en una capa de diversos materiales (seedball) entre los que incluimos nutrientes y esporas de micorrizas. Así, cuando la semilla germine junto a las esporas, la simbiosis entre éstas será inmediata, lo que favorecerá la absorción de nutrientes, agua y la mejora de su sistema inmunitario. Los procesos de sucesión vegetal, desde un monte degradado hacia un bosque, no pueden entenderse solamente a través de las comunidades vegetales. Hongos y plantas configuran el sustrato del bosque sobre el que podrán aparecer todas las demás formas de vida.

Usar esta metodología, no sólo resulta mucho más efectivo y económico que la tradicional plantación de árboles, sino que además no alteramos ni destruimos la vegetación existente del monte a restaurar. No es necesario meter retroexcavadoras para hacer hoyos, ni desbrozar las plantas. Las hierbas y arbustos que ya han conseguido establecerse, apoyan la germinación y el establecimiento de las especies que introducimos. Las técnicas que se han empleado hasta ahora para reforestar se basan en una comprensión de la naturaleza derivada de las teorías de producción agraria. La naturaleza es mucho más compleja que esas teorías. Fukuoka nos dejó esa herencia: «no podemos comprender la infinita inmensidad de interrelaciones en el seno de la naturaleza». Más vale ser humildes que estirar una lechuga (o una encina) para que crezca. El coste ecológico para hacerlo es demasiado grande. Así, cogiéndonos de la mano de nuestra madre tierra, podremos revertir el proceso de degradación que durante miles de años estamos llevando a cabo los seres humanos sobre este planeta.

Esta es nuestra propuesta revolucionaria para restaurar nuestros montes y dejar la mejor herencia que podemos darle a las próximas generaciones: un mediterráneo reverdecido.