Después de las siembras, nuestro trabajo no termina. Volvemos al campo para realizar conteos y evaluar qué ha ocurrido durante el verano, incluso después de siete meses sin lluvias y sin ningún tipo de riego.
Revisamos las zonas de siembra, observando tanto las plantas que han conseguido sobrevivir al calor y encontrar agua a través de sus raíces, como aquellas que han brotado pero finalmente se han secado.
También recuperamos los SeedShelters para analizar qué ha sucedido en su interior: si las semillas han germinado, si han desarrollado raíces y tallos, o si han sufrido algún tipo de depredación, por ejemplo, por parte de los ratones.
Toda esta información queda recogida en fichas de seguimiento. Cada semilla, cada brote y cada resultado nos aporta información valiosa para comprender lo que sucede en el campo, aprender de los errores y mejorar nuestra técnica de siembra directa. Porque regenerar un bosque no consiste solamente en sembrar, sino también en observar, comprender y aprender de la naturaleza para aumentar las posibilidades de éxito en futuras siembras.







